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Por razones de economía tuve la necesidad de alojarme en el departamento
de un par de buenos amigos. Así los tres compartiríamos la renta y otros
gastos. Todo iba muy bien, y a pesar de que yo era la única mujer en
casa, compartíamos las labores domésticas. Lo único incómodo para mí
eran las contadas ocasiones en que los chicos llevaban a sus amigas.
Después de todo era su "departamento de solteros". Algunas de ellas se
cohibían al verme llegar, pero ellos les decían que no había problema,
que yo era "un amigo más" y seguían en su fiesta mientras yo me
encerraba en mi habitación a escuchar música, tratando de ignorar los
ruidos que provenían del exterior. Rubén era el mas alocado y mujeriego
de ambos, alto, musculoso, alegre y desinhibido, a veces un tanto rudo
en su trato, pero muy simpático; mientras que Ulises era más sereno,
casi tímido, delgado, discreto, pero excelente conversador.
Muchas veces los tres permanecíamos hasta tarde conversando de mil
temas. Yo creo que llevaba la vida perfecta, pues cuando no tenía con
quien salir, invariablemente alguno de mis dos amigos también estaba
libre y ambos, o los tres salíamos al cine o a tomar la copa y bailar.
Poco a poco yo noté que entre Ulises y yo los silencios eran cada vez
más largos, incluso él se encerraba en su recámara si ambos estábamos
solos en casa.
En cambio Rubén empezó a coquetearme casi descaradamente. "Tranquilo"
le dije un día, "recuerda que yo soy un amigo más, no echemos a perder
el buen trato que tenemos"
El sólo soltó una carcajada y dándome una cariñosa palmada en el
trasero se alejó.
Una noche, mientras ambos chicos habían salido, yo me encontraba
viendo la televisión en la sala, con las luces apagadas cuando la puerta
se abrió. Era Ulises, quien al verme se sorprendió y avanzó directamente
a su habitación.
"¿Qué pasa, por qué me huyes?" le pregunté medio en serio y medio en
broma.
"No te huyo -respondió- Sólo me sorprendió que estuvieras en casa,
pensé que habías salido".
"Pues sí, fui a tomar una copa con unos amigos pero me he regresado
temprano. ¿Por qué no te sientas a conversar un rato conmigo?"
"Bien, ¿quieres tomar algo?" respondió mientras se acercaba al
estante donde teníamos las botellas y las copas.
Sirvió un par de tragos, me entregó el mío y se sentó en un sillón
apartado. Bebía a tragos lentos, mirándome fijamente, sin decir palabra;
yo empezaba a sentirme algo incómoda.
"Oye niño ¿te he hecho algo para que estés molesto conmigo?" Le
pregunté tomándolo por sorpresa.
"No - respondió con voz pausada - todo lo contrario.
"Entonces. ¿por que últimamente noto que me evitas? Extraño nuestras
conversaciones."
Dejó su copa en una mesita lateral y levantándose de su silla se
acercó a sentarse en el mismo sofá que yo estaba.
"Pues verás - me dijo sin mirarme - Un pacto no escrito entre amigos
es el de no estorbar".
"¿De qué estás hablando?" le pregunté sorprendida
"De Rubén, tú le gustas, eso es obvio, así que me toca hacerme a un
lado" respondió encendiendo un cigarrillo. Ambos nos quedamos callados
por un momento. Yo estaba verdaderamente sorprendida.
Jamás me había atrevido a reconocer que pudiera existir atracción
entre alguno de ellos y yo. Aunque ambos eran muy guapos. Yo no me
consideraba fea, soy mas bien bajita, delgada, de ojos claros y cabello
negro, corto. De pronto me sorprendí a mí misma pensando en la
posibilidad de tener una relación con alguno de ellos. Ambos me gustaban
mucho, cada uno en su estilo, Rubén era extremadamente divertido y
espontáneo, Ulises discreto y callado. Rubén a leguas se notaba
apasionado. Ulises era la ternura personificada. ¡Qué dilema! ambos me
gustaban muchísimo. Ulises debió notar la confusión en mi mirada. Se
acercó a mí y pasó su brazo sobre mis hombros. |