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SOLO PLACER.

I

Todo comenzó de  una forma casual, al ver pasar a  una chica, no podía rebasar los  veinte años, delgada esbelta, pero frondosa de  busto, cabello castaño, de estatura media. Al caminar sus senos se  balanceaban de una forma  muy excitante. No me pude reprimir  y sin pensar exclame ¡Pero que lindo par de  tetas!.

Ella me escuchó, simplemente se sonrió y continúo caminando. Pude  observar su cuerpo, las caderas se  movían acompasadamente.  Me quede  mirando como se alejaba. Esa sonrisa me acompañó todo el día.

A la mañana siguiente, casi a la  misma  hora la volví a ver, ahora con falda, sus  piernas blancas atrajeron mi atención. Pasó frente a mi y casi estoy seguro que hizo un movimiento para elevar sus senos. Ahora solo dije ¡Que linda, de verdad  preciosa!. Otra vez sonrió y camino despacio, como invitando a seguirla. Como adolescente nervioso  comencé  a seguirla, al notar mi presencia se detuvo y  preguntó ¿Que me dijiste?

Me sorprendió y solo pude decir que era  linda y que estaba hermosa.

¿Como te  llamas?

Ella dijo Marliz.

-Que  bonito nombre - exclame rápidamente.

-Es que soy Maria Elizabeth, pero mis amigas me dicen Marliz.

En su boquita las  palabras sonaban precioso, en verdad que me  gustó la chica.

¿Adonde  vas?  -le pregunte

Respondió que a la casa de  su hermana a cuidar a sus sobrinos que todavía  no asistian a la escuela

¿Te  puedo acompañar? Y le dije  mi nombre. Seguimos caminando hasta  un edificio. En la entrada  nos despedimos. Cuando bese su rostro, una corriente de energía recorrió mi cuerpo, sentí de inmediato una erección. La cercanía de su piel me erotizaba, creo que no sintió la dureza de mi pene.

Los días siguientes casi fueron similares, solo que ahora ella se prendía de mi brazo, o yo la tomaba de la mano. En las despedidas nos abrazábamos, podía sentir su cuerpo junto al mío. Mis erecciones eran mucho más que notorias, ella las sentía, pero no decía nada. Un fin de semana me preguntó porque le había dicho lo de su busto, si todavía no le crecía, que habían muchas chicas con tetas más grandes y redondas.

Si – le dije- pero no tan bonitas como tu.

¿Yo o mis tetas.?

Las dos cosas, le respondí. La abrace y sentí su cuerpo junto al mío. Su piel juvenil se sentía suave y tersa. Al abrazarla sentí sus tetas firmes, casi estoy cierto que tenia erectos los pezones. Ella me dio un beso en los labios y entró rápidamente al edificio. Me gustaba ver sus nalguitas tan firmes y redonditas. Por ella misma supe que se quedaba sola toda la mañana, su hermana y cuñado salían a trabajar antes de que ella llegase, los crìos permanecían dormidos hasta tarde, mientras ella les preparaba el desayuno.

 

II

 

Dos días después me decidí y la seguí al interior del edificio. Cuando abrió la puerta del departamento estaba a su lado, entramos y sin decir nada, la empecé a besar, mis manos recorrían su espalda.. Respondía a mis caricias, juntaba su cuerpo al mío, olí su cabello limpio. Poco a poco empecé a levantar su ropa. Su piel fresca me excitaba. Mi verga parada chocaba contra ella. Eleve las manos hasta sentir su sostén. Los besos continuaban, ahora con mucha más intensidad. Me despegué de ella, abrí su camisa y pude sentir sus senos sobre la tela del sostén. Sus pezones hacían evidente que había logrado excitarla, se pusieron erectos esos botoncitos. No pude más eleve sus sostén y comencé a besar ese par de tetas, que recién estaban creciendo, los pezones rosados sintieron la succión de mi boca, al principio lentamente, ya después con unas ansias enormes, no dejé un milímetro de la piel de sus tetas sin besar, le pasé mi lengua húmeda en todo su busto hermoso, que no tenía nada de desperdicio.

 

Indudablemente el sentir su cuerpo junto al mío despertaba todo mi deseo, el poder besar y sentir sus senos  lindos  me  ponía en éxtasis, de verdad esos pezones aunque pequeños me  hacían delirar. El color de su  piel y su tersura eran fabulosos. Seguí dando beso en sus hermosos pechos. Ella jadeaba un poco. Acaricie su cuerpo, pero como digo, su busto estaba delicioso, después me dijo que era la primera ocasión que alguien le besaba sus senos, nunca antes nadie le había mamado sus pezoncitos. Abrió mi camisa y me empezó a besar el pecho, mientras le quitaba sus sostén, pude acariciar libremente ese par de tetas hermosas, casi sin querer la empuje, bajo su carita hacia mi verga, se sentó en un sillón y empezó una mamada exquisita, algo que nadie me había hecho, sentí sus chupaditas, y si no lo había hecho antes, su gracia era innata, mientras mis manos acariciaban su caritas y bajaban a sentir sus pezones duros y paraditos, ahora ya no eran de color rosado, sino tenían una tonalidad rojiza. Mi descarga la sorprendió, al principio escupió, pero al sentir el sabor de mi semen, dejo que entrase en su boca, lamió mi verga cuando termine de eyacular, como remate me dio una gran beso en la cabeza de mi verga, sentí otra vez deseos, sentí al sangre correr en mi cuerpo.

Como compensación le baje su pantalón deportivo, sus calzoncito y abrí sus piernas, ella estaba apasionadamente dispuesta todo, metí mi boca entre sus piernas y le empecé a succionar, busque su clítoris, muy pequeño, pero con mis chupadas se puso duro y creció. Entre mas succionaba mas sentía como fluían sus jugos, resbale mi lengua en el interior de sus piernas, para posteriormente caer en ese pozo tan belicoso, sentí la salida de sus jugos. Levante la vista y vi su carita, sonrojada y con el cabello revuelto, ella misma se contenía, pero al sentir mis chupadas exclamo "¡Ya, ya, ya ! Su rostro hacia evidente que le había satisfecho.

El encanto terminó cuando escuchamos la voz de un niño.

-¡Vete por favor!

Salí todavía con la verga parada y húmeda, mientras ella se acomodaba el sostén y la ropa.

 

III

 

 

Poco a  poco nos compenetrábamos  más a  y más. Marlis era  una  chica que llamaba la atención al caminar, ella lo percibía y notaba. Yo la veía tan sensual cuando, desde lejos la observaba al retornar en la tarde a su casa. Me  dijo que deseaba que no nos vieran juntos, para que los vecinos no murmurasen, así que cada quien entraba  la casa  por su lado. Siempre traté de ser muy discreto siempre con cautela y calma, a pesar de que  mis deseos crecían y mi pene aumentaba de  tamaño.

Se repetía la rutina entre al edificio inmediatamente después de ella. Como siempre los besos, y ahora todo era mas sencillo y rápido, la desnude de inmediato, su atuendo deportivo facilitaba todo, también me desnude y fuimos a un sillon, le volvía chupar su cosita, ella me jaló y me puse encima para sentir sus ricas mamadas en mi verga dura. Mi lengua recorrió todo el lugar sorbiendo los líquidos con malicia, limpiaba una y otra vez el clítoris, introduciendo la lengua más profundamente, hacia filigranas en su interior. Sentí el ardor de su cuerpo joven, excitado, lo que me enardeció enormemente, su ardorosa boca me succionaba el pene apasionadamente. Su lengua exploraba mi verga, sentía como su húmeda boca se hundia apresando mi pene, los labios rozaban la piel, mientras su lengüita se encargaba de la cabeza de mi verga, cerrando círculos subía y bajaba la piel de mi pene. Mientras le chupaba su clítoris ella acometía contra mi miembro con nuevos ímpetus, apretaba y chupaba mi verga, mientras surgían suspiros y algo parecido a ronroneos de su garganta. Cuando eyaculaba en su boca o ella dejaba salir sus jugos, su cuerpo como desee la primera vez, se le contrajo. Sentía siempre la magia de su lengua y la capacidad para meterse mi pene parado en su boquita, tan pequeña y delicada. Por estar en casa de su hermana tratábamos de sofocar los gritos, pero nuestras respiraciones siempre eran intensas, indudablemente se sentía un olor a cuerpos transpirados y a sexo, a placer total.