de novias jovenes

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ADELA 3

Sentí como sus músculos vaginales apretaban mi miembro aprisionándolo entre ellos. Su canal vaginal era estrecho ¿Hace cuánto tiempo que no tiene sexo con un hombre?

Había perdido la noción del tiempo. Me sentía cansado y totalmente transpirado, no es que hiciese demasiado calor pero toda la actividad y el desgaste físico me pasaban la factura. Miré a Adela y asentí con mi cabeza, sí necesitaba una ducha de manera urgente. El olor al sexo estaba no solo en nuestros cuerpos sino que flotaba, también, en el ambiente, a pesar de tener las ventanas abiertas. Adela con el bikini rojo puesto me tomó de la mano y me condujo hacia el baño. ¿Para qué se había puesto el bikini? Me pregunté, me parecía raro puesto que este se encontraba mojado y manchado, la respuesta a mi pregunta la obtendría algunos momentos después.

Ven mi amor, vamos a bañarnos, quiero jabonarte y que me jabones, sobre todo mi culito que tanto te gusta,

El baño de su dormitorio era amplio, en color blanco con aplicaciones de pepelma color rosa y dibujos de rosas. Una tina en uno de los costados color rosa y puertas de vidrio templado transparente. Que diferencia con las de mi casa que todas las puertas de ducha o tina eran punto de agua que dejaban pasar la luz pero evitaban mostrar el cuerpo de las personas. Por un momento pensé que Adela no tenía el problema que alguien la viese, total vivía con su hija y ambas eran mujeres que no tenían que avergonzarse la una de la otra. Esto respondía mi pregunta de porque el baño de Helena tenía el mismo tipo de puertas en la tina. En el costado lateral se encontraban el inodoro y el bidet y, en oposición el lavatorio.

Adela abrió las puertas de la tina ingresando a ella, ven, entra –me dijo- lo que hice de inmediato. Parada y pegando su espalda a la pared opuesta donde se encontraban las llaves del agua me dijo – Voy a hacer algo que hace mucho tiempo he tenido ganas de hacerlo, en mis fantasías lo he repetido una y otra vez, además, es la primera vez que lo voy a hacer, espero que no te disguste y quiero que me observes bien y pongas tus manos entre mis piernas- diciendo esto comenzó a mojarse entre las piernas- No estoy viniéndome, estoy orinando, frota tus manos, hazlo por favor –Yo veía como a través de la trusa su orina discurría mojándole todas las piernas. Puse mis manos y comencé a sentir el líquido tibio que caía de su bikini, subí mis manos frotando su sexo a través de la tela del bikini mojando completamente mis manos- Ohhhhhh que delicia, que rico lo siento, pon toda la palma de tu mano y mójame el cuerpo, mójame los senos, sí así, hazlo –le recorría el cuerpo con las palmas de mis manos, tomaba sus pezones y los mojaba, lo mismo hacía con sus senos. La sensación era extraña pero no dejaba de tener un tinte de perversión excitante, era algo sucio que motivaba los sentidos del tacto, del olfato y de la vista. Estoy seguro que Adela estaba gozando.

Adela, por favor, quítate el calzón, quiero tocar tu chucha mojada, quiero pasarte la lengua, déjame hacerlo,

Ay mi amor eres un cochino,

Y tú una pervertida la próxima vez quiero que me orines la pinga, mira como me has puesto. Bajó su vista y se encontró con que nuevamente mi miembro se encontraba erecto.

¿Tienes ganas de cacharme otra vez?

Bueno, abre las llaves de la ducha y quitémonos el sudor y el olor que despedimos, luego iremos nuevamente a la cama y haremos todo lo que se nos ocurra,

Bueno, bueno le contesté –tomó el bikini y puso el jabón en él utilizándolo como un paño de baño, con el que comenzó a frotarme el cuerpo-

Así te doy un placer extra, de paso que lavo mi calzoncito –me dijo- me frotaba el pecho, la espalda, hasta que llegó a mi trasero el cual jabonó muy bien. Sin decir nada aprovechó la oportunidad para tocarme con sus dedos y riéndose me dijo: Si quieres metérmelo por atrás tendrás que dejar que te meta mis dedos también. Si no lo quieres, tampoco Yo lo quiero Al decir esto en su rostro se dibujaba una sonrisa lujuriosa y maléfica. Al legar a mi miembro y mis bolas se tomó su tiempo jabonándome bien. No sé si su intención era masturbarme, pero subía y bajaba el calzón a todo lo largo de mi verga.

Sigue así –le dije- y me vas a hacer venir en unos segundos- Se agachó y me enjabonó las piernas, previo beso que le dio a mi verga. Me sentía incómodo por estos juegos que no terminaban en nada, por lo que le pedí el bikini y el jabón para bañarla, quería que mi verga se bajase un poco, además sentía ganas de orinar y, con la erección no podría hacerlo. Empecé a frotarle la espalda, jabonándola muy bien. Llegué a su cintura y pasé hacia sus caderas, grandes y voluptuosas. Con el bikini le abrí bien los glúteos y le lavé el huequito de la mejor forma posible deslizando mis dedos jabonosos dentro de él,

Hey no seas tramposo. Yo solo te toqué y tú me estás tratando de meter dos dedos,

Eso es para que sepas lo que quiero, claro que no te meteré los dedos, te meteré la verga.

Fue algo rápido y rico, era muy estrecha, la verdad que fue más que difícil poder colocar dos dedos en su canal, ¿Entrará mi pinga? Me pregunté – seguí jabonándola, esta vez el bajo vientre, el pubis, los vellos y metí mi mano sin la trusa en su sexo jabonando muy bien sus labios Su chucha estaba caliente, la froté suavemente con mucho cariño y le froté el clítoris.

Espera un poco –me pidió- en la cama, hazme eso en la cama – bajó sus manos y agarró mi miembro, el cual estaba un poco flácido, había dejado de estar erecto. Sin querer al sentir el estímulo y, debido a que había estado aguantando de orinar bastante rato, mi miembro comenzó a soltar la orina contenida. Adela se sorprendió y viéndome a los ojos me dijo

Mójame el cuerpo y mi raja,

Dirigí el chorro hacia su sexo mojando sus vellos. Adela con sus manos se abrió los labios y, poniéndose de puntillas, buscó que el chorro le cayera en la misma abertura de su raja. Me pegué a ella y seguí orinando hasta que acabé. Tenía los ojos cerrados y esa expresión de placer que la caracteriza, pezones parados, manos abriendo su sexo y la lengua tocando sus labios de costado a costado Uhmmm que caliente me dijo. Apúrate, jabóname quiero ir a la cama.

Salimos de la ducha abrazándonos y besándonos, el hambre se me había pasado, tenía cosquillas en el estómago. Nos secamos lo más rápido posible y nos dirigimos al dormitorio.

Ayúdame a sacar la sábana, está muy mojada –me pidió Adela-

Sacamos la sábana y, secando el colchón, pusimos la sábana que estaba encima de la otra, como base.

Adela se echó en la cama de espaldas colocándose una almohada en sus caderas. Yo la observaba y podía apreciarla en toda su naturaleza. Era bella, realmente bella, en su cuerpo níveo resaltaban sus vellos del color de su cabellera, negros, sus senos grandes y redondos con sus aureolas y pezones de color rosa, su vientre plano, sus piernas largas, bien formadas con esos muslos carnosos, sus pies tan perfectos con sus uñas delicadamente recortadas y pintadas con un brillo que los hacía resaltar, las manos con los dedos largos, finos, su boca que incitaba al beso, sus ojos enormes, ¡Qué mujer! ¡Qué dilema el mío! Desear tanto a esta mujer y estar enamorado de su hija a la vez. ¡Qué parecidas eran la una a la otra! Y que ardientes eran ambas, el sexo era parte importante de sus vidas. Quería tenerla a Helena en este momento y poseerla por primera vez. ¿Por qué tenía que ser tan difícil el que me dejara poseerla? Ese asunto de que podía quedar embarazada, podíamos solucionarlo, podíamos tener sexo después de su período y no pasaría nada. Tenía que convencerla de una u otra manera. Sabía en este momento que era la primera vez que poseería a una mujer, por lo que me esmeré en darme cuenta de todo lo que hacía Adela para poder hacerlo con Helena.

¿Por qué te has puesto esa almohada en tus caderas?

Porque tu miembro es grande y largo y quiero que entre lo máximo posible, quiero que me frote mi punto de placer. Vamos sube a la cama y ponte de rodillas frente a mí.

Subí y me enfrenté a mi primera experiencia. No estaba nervioso, estaba ansioso, que es diferente. Miré directamente hacia su sexo y pude ver claramente los labios así como el brillo indiscutible del flujo que lubricaba su sexo. Con sus manos los abrió y me dijo

Pon tu miembro derecho apuntando hacia mi sexo, estoy a tu nivel por lo que debe entrar sin problemas, además estoy tan excitada que me estoy mojando y eso facilitará la penetración. Vamos amorcito, hazlo despacio y cuando estés adentro muévete como si lo fueras a sacar y a meter otra vez, con ganas y fuerzas, te he dicho que quiero sentirlo todo.

Estando ella con las piernas abiertas y levantadas me aproximé. El glande tocó sus pliegues internos, pero no entró.

Baja un poco el miembro Miguel, baja, ahí, esa es la entrada, empuja, primero despacio. Sí, así, espera, me duele un poco, para, para, empuja un poco –me pedía Adela-

Ya, estoy sintiéndolo, ahí va, sentía que entraba con dificultad, tenía que empujar más fuerte, mi miembro no entraba fácilmente a pesar que sentía la humedad de su canal, comencé a empujar más fuerte, de pronto sentí como si se resbalase dentro y pude meter tres cuartas partes de mi miembro. Sentía como la cabeza crecía más y más.

Ahora muévete, sácalo y vuelve a meterlo. Ayyyy que rico, que grande, me estás arrechando. Ohhhhh lo siento dentro de mí, ponlo todo, empuja, empuja. Me vas a matar de placer. Sí sigue así ahora más fuerte, más adentro. Que pinga que tiene mi amor, mi chucha es muy estrecha, Ayyyyyy siento que me muero, me llenas, espera, no la saques, déjala descansar dentro, no te muevas. Sí, así, espera, me duele un poco, para, para, empuja un poco –me pedía Adela- allí quédate quieto, me vas a perforar el útero.

Que sensación estar dentro de la chucha, caliente, suave, poder sentir que la cabeza de mi miembro chocaba contra una pared en el interior. Me quedé quieto como me pidió y, de pronto, sentí algo que me puso a funcionar el cerebro a mil por hora, era como si una mano en el interior de la chucha comenzaba a presionar la verga, como si impidiese que esta saliese, lo sujetaba, lo masajeaba

¿Qué me haces? –le pregunté-

¿Te gusta?

Sí demasiado,

Estoy jugando con mis músculos vaginales Hace tiempo que aprendí el placer que se puede dar y tener a la vez.

Sostuve sus piernas con mis manos y las llevé hacia mis hombros.

Despacio –me dijo- está todo dentro de mí

Tenía ganas de venirme, pero también tenía ganas de seguir. Para relajarme un poco tomé su pierna izquierda y comencé a besarla. De pronto me vino a la memoria la belleza de sus pies y eso fue suficiente, me lo llevé a la boca. Lo besaba en la parte superior, le besaba los dedos, la planta del pie y me dije ¿por qué no? Inmediatamente empecé a chuparle los dedos del pie, uno por uno, metiendo mi lengua entre sus dedos. Ahora el otro pie, lo mismo, que agradable meterme todos los dedos de su delicado pie en mi boca.

Miguelito no sigas, Me vas a hacer venir, la chucha me está palpitando y quiero que me lo hagas por detrás que me hagas como hacen los perros, no me hagas venir, Ufffffff para, para. Diciendo esto se salió y dejó libre a mi verga -se arrodilló en la cama apoyándose sobre sus manos y rodillas- ahora quiero que me lo metas derechito, hasta el fondo, haciendo lo mismo, es decir meter y sacar, como estoy a punto de venirme hazlo lo más fuerte que puedas, agarra bien mis caderas y penétrame toda, no tengas miedo, quiero que me des placer, todo el placer que puedas.

Como se puso al filo de la cama su trasero estaba en el mismo nivel que mi miembro. Yo parado me acerqué a ella pensando en que deseaba penetrarla pero por su ano, sin embargo ella quería que la penetre por su sexo, me imaginaba que podía sentir su vagina palpitando. Claro que me había gustado que me agarrase la verga con su chucha, así que enfilé directamente hacia ello y lo metí todo lo que pude.

Ayyyyyy me partes, me matas, sigue, sigue –gemía y gritaba- Ohhhh lo siento todo dentro de mí, golpea, más fuerte, dame hasta las bolas, sí de esa manera, Uggggg me vengo, te la doy, hazme más fuerte, más, mátame, cáchame como si fuera una puta que has contratado para satisfacerte mierda que rico,

Estaba anonadado de escucharla decir las cosas que decía, ella que era tan formal, tan señora se le salió lo más negro de su vida –pensé-

¡Pégame con tus manos en mi culo! vamos ¡pégame con tu mano! más fuerte, eso me gusta –me retaba-

Comencé a darle de nalgadas, podía ver como estas se ponían rojas de los golpes, la sangre se le acumulaba en las nalgas, me invadió una sensación extraña, estaba perdiendo el control, me desconocía, me estaba enloqueciendo, no sentía mi pinga que entraba y salía de su chucha, más sentía las nalgadas que le daba. Entonces pensé que debía controlarme y, sin querer, aprendí que existe una técnica que permite mantenerte en acción sin que sientas las ganas de terminar, muy sencillo: me puse a contar las veces que metía y sacaba la verga de su sexo, una, dos, tres, cuatro...veinte, treinta, cien,

Ohhhh... Ohhhhh, te la voy a dar, sigue, sigue Sí, toma, toma

Pude sentir como salía un chorro de líquido de su sexo con tal fuerza que mojó mis piernas y la cama, sentía como sus músculos se aferraban a mi pinga sin dejarla salir, impidiendo que me moviese, estaba todo mojado, que cantidad de jugo había expelido. Cuando alojó sus músculos seguí dándole con la pinga, uno, dos, tres, otra vez, diez, treinta...ciento quince, ciento cuarenta, comencé a sentir un cosquilleo en las bolas. Ella estaba callada, había puesto su cara en la cama y había levantado más sus caderas

Miguel, ya no puedo más, me voy a venir otra vez, vente conmigo, dame tu leche, la quiero sentir dentro de mí, vanos dame, dame, ahí viene, ahí está, Ayyyyy como cachas, mierda, toma, toma, déjame lavar tu pinga con mi leche, Mier......daaaaaa

No aguanté más, le di dos últimas embestidas y comencé a eyacular. ¡Qué cantidad de semen que salía! Conté has cinco chorros seguidos, le inundaba toda la chucha y no podía quedarme quieto, estaba frenético, seguía moviendo mi pinga en su interior.

¡Basta! –me dijo moviéndose hacia delante, recostando su cuerpo en la cama, casi mi caigo debido a su maniobra tan fuerte- ¡Ya no puedo más! Eres insaciable, ya no tengo nada para darte –me incliné y besé su espalda, también me sentía cansado, mis piernas temblaban, me dejé caer sobre ella besándole el cuello. Giró su cara y se encontraron nuestras bocas ¡Qué beso! Tierno, apasionado, hambriento, cariñoso, mezcla de todas las emociones juntas- hazte a un lado me pidió- me puse a su costado boca abajo en la cama y me quedé dormido.

Miguel, Miguel, despierta son las cuatro de la tarde, vanos a bañarnos y vestirnos para poder comer algo y que vayas a tu casa, todos deben estar llegando a las seis.

Con gran dificultad me paré y me bañé. Cuando me estaba vistiendo me pregunté ¿Ha sido todo esto real?

Miguel, ven a la cocina, he preparado unos bocaditos, ven a comer,

Adela ¿Será esta la única vez que estaremos juntos? -le pregunté quizás con mucha ingenuidad- la verdad es que quería seguir con ella, quería seguir oliendo a ella, que su sabor se quedara en mis papilas gustativas para siempre ¡Qué mujer!

No lo sé mi amor, creo que sí, aún cuando tengo un remordimiento muy grande –me dijo- Podría ser tu madre, además eres el mejor amigo de mi hija –si ella supiese pensé- no lo sé. Lo único que sé es que hace muchos años no había sentido lo de hoy y, a pesar que todo indica que no es correcto, en mi cerebro existen dudas, me ha gustado tanto estar contigo que estaría dispuesta a que lo volvamos a hacer,

Yo también lo quiero, nunca había vivido algo así –estaba diciendo la verdad- ni en mis más remotas fantasías estaba lo que hemos hecho. Lo volvería a hacer en este momento.

Eres tan joven y Yo tan madura.

No –le contesté- quizás no tenga mucha experiencia, de hecho ninguna, pero eres tan mujer que pienso que es imposible que estando contigo se te pueda dejar,

Gracias por el cumplido. Hagamos algo interesante, llámame el miércoles al banco para que quedemos en un lugar donde te pueda recoger, llámame a las 4 de la tarde, cuando has salido de clases, sé discreto, piensa que no puedes contarle a nadie, incluyendo tus amigos, la experiencia que has tenido.

El miércoles está tan lejos –pensé. Mientras me despedía dándole un beso apasionado en la boca.