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Oaxaca y a Pao no lo olvido.

Esta historia se centra en el estado de Oaxaca en México, en una comunidad tan lejana de lo citadino, que para llegar a ella teníamos que utilizar jeep’s todo terreno. Fue en mis tiempos de estudiante universitario (1986) cuando sucedió.

Me nombraré BJ mido como 1.70, pelo castaño claro, musculatura mediana, aunque hago ejercicio y cuento con unas nalgas bien formadas que llaman la atención al sexo opuesto. Mi miembro es promedio con unos 16 cm de largo con un grosor inusual de 7 cm. como ven soy una persona mas o menos promedio, ni guapo ni feo

Estando en la facultad, nos inscribimos 8 compañeros y yo, en un programa para acreditar nuestro servicio social en seis meses, trabajando con el gobierno del estado y del municipio, supervisando y enseñando los secretos de la ingeniería y las técnicas de construcción, en una comunidad que la llamada Juxtlahuaca.

Como ya lo mencioné al principio, esta comunidad era en extremo rural, sus casas de materiales muy livianos debido al calor de la zona, rústicos, sus pisos era la propia tierra aplanada, calles en parte empedradas y de servicios se contaba con agua y servicio eléctrico solo en la presidencia municipal, en el centro de salud, un albergue del gobierno federal y por supuesto en una pequeña iglesia, las casa no contaban con el vital liquido dentro de sus casas, pero tenían una infinidad de pozos y ríos alrededor del pueblo. Todo era verdaderamente humilde, pero sus habitantes de lo mas lindo y serviciales.

Era domingo cuando llegamos al pueblo (16:00 hrs.) y nos recibió el presidente municipal, un médico y el sacerdote, que a decir verdad era el que más movía a los habitantes. Nos instalamos en el albergue, junto al centro de salud y nos llamó la atención que había una división de dormitorios de hombres y mujeres. Al principio pensamos que se contemplo la posibilidad de que acudieran con nuestro grupo mujeres, pero no fue así.

Ya entrada la noche, serían las 8:15 p.m. llegaron en tres jeep’s un grupo de 15 estudiantes residentes de enfermería, 12 mujeres y tres varones, que al igual que nosotros iban a brindar sus servicios a los habitantes de Juxtlahuaca. Ese grupo ya estaba desde hacía tres meses en el centro de salud e instalados en el albergue y ya conocían a todos los lugareños. Todos venían de la capital el estado y habían tomado el fin de semana para visitar a sus familias dejando de encargado al mismo doctor, titular del centro de salud.

Al vernos fuera del albergue, nos saludaron presentándose cada uno de ellos. Todos nos metimos al albergue y las damas fueros a dejar su equipaje a sus respectivos lugares. Nos reunimos en el comedor, que tenía tres amplias mesas las cuales juntamos para hacer una gran mesa y así poder vernos todos y platicar más a gusto. Les preguntamos como era el ambiente en el lugar a lo que respondieron:

Como ya se dieron cuenta, los servicios son muy pocos aquí llega poco agua por lo

que la utilizamos principalmente para los sanitarios y para los trastes, si se quieren

bañar deben sacar agua del pozo y calentarla con leña o en su defecto ir al río a

bañarse.

¿Al río? contestamos yo y todos mis compañeros al unísono.

Si, al río y créanos, que es riquísimo.

La chica que era la aparente líder del grupo de enfermeras se llamaba Teresa, era la más alta de todas, mediría como 1.70 de piel morena clara, busto generoso calculamos una talla 36-C, cintura no muy breve, pero con unas caderas que medirían mas de 100 cm.; ella fue la que más nos explicó nuestros deberes y obligaciones dentro del albergue inclusive de que nada de mezclarse en los dormitorios. Así fue nuestra recepción.

Pasaron como dos meses y todos ya estábamos adaptados a nuestra nueva forma de vida, hasta le tomamos gusto al baño en el río, que con los calores que hacían en la región, eran una bendición para todos nosotros.

Yo en lo personal me empecé a interesar por una enfermera que llamaré Pao, era de las más lindas y animadas del grupo. Físicamente era morena clara, bajita como 1.55, cabellera al hombro de un negro intenso, de busto un 34-C, cintura de 65 cm. y de cadera 91, pero tenía unas piernas de lo más lindas, bien torneadas con pantorrillas espectaculares. En los fines de semana le gustaba vestirse con jeans muy entallados y blusas muy ligeras, en ocasiones se ponía falda, pero tenía que ser por debajo de la rodilla, ya que el pueblo era muy conservador y veían mal las mini faldas.

Nos fuimos conociendo hasta que nos hicimos novios. La pasábamos muy bien, cada uno realizando su trabajo, disfrutando de la naturaleza del lugar y de vez en cuando de un poco de caricias eróticas, pues las provincianas son chicas recatadas y hay veces que no permiten ir más halla de lo que su educación e ideas permite.

Pasó como 1 meses y un fin de semana nos organizamos ambos grupos para realizar una expedición a un lugar donde existe una gruta, en la cual se encuentran unas ruinas de la época prehispánica. Ahí se encuentra un templo donde el dios o deidad esta rodeado de un sinfín de objetos de oro, pero que nadie puede acercarse a menos de 50 metros porque termina muerto sin explicación alguna. Esta leyenda o historia fue el motivo para efectuar esa salida, no sin antes equiparnos con todo lo necesario para acampar en el lugar y sobre todo conseguir un guía nativo del lugar.

Salimos muy temprano (7:00 a.m.) un sábado, caminamos como tres horas por brechas y caminos rurales siguiendo al guía, hasta llegar a una cascada rodeada de vegetación; cerca de ahí el cerro donde se encontraba nuestro destino. En un extremo de la pequeña laguna que se formaba había un claro en donde el terreno está nivelado y que era el lugar para instalar nuestras casas de campaña. Así lo hicimos, terminando de colocarlas nos dirigimos hacia la gruta mencionada, con el guía por delante, que no estaba a más de 200 metros de donde acampamos. Pao iba vestida con un entallado pantalón de mezclilla y una blusa blanca con flores multicolores, que permitía ver lo bien formado de sus generosos senos y sus inquietos pezones. La líder del grupo de enfermeras llevaba unos pantalones beiges cortos hasta las rodillas muy pegados, que dejaban ver el contorno de sus pantaletas que apenas podía con esas nalgotas; la mayoría de las enfermeras vestían como Pao, con pantalón de mezclilla, blusas multicolores con escotes generosos, que permitían observar sus "bras" cada vez que se agachaban.

Subimos entre algunas rocas y llegamos a la parte más alta de aquel promontorio. Desde ahí pudimos observar el conjunto de edificaciones en ruinas que rodeaban la entrada de la gruta. Seguimos avanzando y nos acercamos hasta un límite marcado con una rudimentaria reja hecha de troncos de bambú y donde colgaba un letrero de advertencia de "no pasar". El guía nos dijo con voz temblorosa por el miedo:

Aquí esta lo que buscan, yo ya cumplí. Me voy a regresar al campamento, allá los

espero.

Al irse el guía, nos dio un poco de miedo, pero no falto quien rompiera la tensión con una broma. Recorrimos el perímetro de aquella reja en sentidos opuestos, para buscar un espacio donde se pudiera observar bien la gruta. Lo encontramos rápido en una pequeña loma, desde ahí pudimos observar aquel Dios del que se hablaba, pero no pudimos distinguir los objetos de oro que según lo rodeaban. Respetamos aquel límite de la reja, auque siempre tuvimos la curiosidad de traspasarla.

Después de un par de horas de comentarios y de plática emprendimos el regreso al campamento. Debido al calor, solo pensábamos tomar algunas cervezas y meternos a la pequeña laguna para refrescarnos. Algunos llevábamos trajes de baño y otros no, solo se arremangaron los pantalones y a nadar. Pao se puso un short tipo cachetero que dejaba al descubierto parte de sus redondas nalgas, una playera la cual amarró, su parte baja, a su cintura. La profundidad permitía a la mayoría de nosotros a estar de pie y el agua nos llegaba a la mitad del pecho. Pao me pidió no dejarla sola pues no sabía nadar, y aunque no existía peligro, se la paso abrazada de mí casi todo el tiempo. Yo aproveche esa circunstancia para palpar, por debajo del agua, casi todo su cuerpo, aunque al querer tomarla por las nalgas, ella me quitaba las manos, pero pude disfrutar de la firmeza de sus piernas y ligeros roces a sus firmes senos.

Nos salimos y nos secamos al sol. Hicimos una fogata para que las chicas prepararan la comida; comimos y nos pusimos a beber tequila y mezcal, que unos de mis compañeros llevaba en su mochila, y a cantar al son de una guitarra. Al anochecer casi todos estábamos embriagados incluyendo a Pao. El guía mantenía la fogata para que no pasáramos la noche a oscuras, pero lo venció el cansancio y se durmió. No faltó quien empezara a hacer cosas inusuales, inclusive Teresa, bailaba con movimientos eróticos y se despojó de su vestimenta quedando con un sostén de encaje negro y una panty tipo bikini que hacía ver sus nalgotas espectaculares. Le siguieron el resto de las chicas y chicos quedando todos en paños menores. Pao y yo solo los observábamos y reíamos. Era tal el grado de embriagues que tenían, que todos estaban desinhibidos. Yo me jacto de ser buen bebedor, ya que mi organismo asimila y deshecha el alcohol rápidamente, claro con sus respectivas evacuaciones líquidas y puedo durar mas tiempo sobrio Todos sabíamos lo que iba pasar ante esta situación tan erótica y efectivamente, nos fuimos retirando por parejas a las casas de campaña. Pao se retiró a su tienda y yo me quedé al último para verificar que nadie se quedara fuera de sus tiendas y echar un par de troncos a la fogata. Al llegar a mi tienda prendí una lámpara de baterías de luz muy discreta, tendí mi bolsa de dormir y unas mantas que llevaba, a modo de estar lo más cómodo posible

No habían pasado ni cinco minutos de haberme metido cuando Pao entro a mi tienda. Me abrazó y fue la que tomó la iniciativa al despojarse de sus ropas, muy en contra de su educación y costumbres, que hasta ese momento había demostrado; yo hice lo mismo y los dos quedamos en ropa interior. Su figura era admirable, sus enormes senos lucían hermosos por debajo de su sostén blanco semitransparente, dejando ver una pequeña aureola y un diminuto pezón que fue creciendo al ser acariciado por una de mis manos. Su panty de corte francés combinaba con su sostén, dejando ver su hermoso vientre y un pequeño triángulo de vellos negros rizados, que iniciaba en donde nacen sus grandes labios. Fui besando su boca, su cuello, desabroche su sostén para disfrutar sus senos y pezones, los mordí, besé y chupé: fui recorriendo su estomago hasta llegar a su plano y juvenil vientre, firme, sin marcas; le fui quitando su panty lentamente disfrutando el momento y al mismo tiempo sintiendo la emoción de ver a Pao totalmente desnuda. Ella estaba quieta, suspiraba y sudaba a cantaros debido a la excitación y al calor que hacia en ese lugar. Ya sin lencería alguna, recorrí cada centímetro de su piel con mis manos, su textura era agradable, sin un vello en casi la totalidad de su cuerpo solo en su pubis, aquel triangulo de vellos negros y rizados, al que acerqué mi cara y así poder percibí ese olor a sexo, a excitación que emanaba de su vagína, sus grandes labios eran muy finos casi planos, de entre ellos sobresalía un gran capuchón que cubría un rosado clítoris que al contacto de mi boca empezó a crecer, sobresaliendo de esa gran capucha. Abrí sus hermosas piernas y ante mí aparecieron sus pequeños labios vaginales no muy largos como de 2cm. ligeramente más oscuros que su piel. A pesar de lo suave de la luz, pude distinguir que tenia su himen intacto, me topé con una virgen. ¿Desearía dejar de serlo esa calida noche? Ese pensamiento me excito mucho y mi pene reaccionó poniéndose duro como una roca, levantando mis calzones como una carpa de circo.

Llene de besos esa pequeña conchita, saboreando sus jugos, introduciendo la punta de mi lengua a su virginal orificio. Ella suspiraba y jadeaba cada vez más, tomándome de los cabellos con ambas manos no quería que me apartara de su vulva, sabia que estaba cerca de sentir, quizás, su primer orgasmo. Arqueó ligeramente su cuerpo elevando su pubis y sus nalgas, saliendo de su vagína, una pequeña cantidad de sus jugos, con una mano cogió la blusa que se había quitado y se la puso en la boca ahogando un discreto grito.

Se dejo caer nuevamente en las mantas, se quito la blusa de la cara y me pidió que la abrazara murmurándome al oído:

Ya te diste cuenta que soy virgen y este orgasmo que me diste es el más delicioso

que he sentido.

¿Habías tenido otros?

Si, masturbándome, pero este fué especial. Sentí como si se saliera algo de mí,

que perdía el sentido, nada comparado con la masturbación.

¿Quieres que hacer el amor? –le pregunté-

Se quedo pensativa por un momento. A pesar de su embriagues, me dió una explicación de lo que realmente quería:

Yo te amo, pero mis creencias y las tradiciones, me han puesto a pensar en lo que

pasaría si no llego virgen al matrimonio. Aquí hay que demostrar a la gente del

pueblo que perdiste la virginidad la noche de tu boda sacando la sabana de la

cama con una mancha de sangre.

¿Y que pasa si no es así? Pregunté.

La familia te quita todo lo que tienes, te lanza al pueblo sin nada y corres el riesgo

que te lancen piedras y quedes muerta.

Su explicación me dejó pensando en el destino de Pao. Yo no tenía el derecho de destruir su vida, sus ilusiones; trataba de entender su explicación escuchando los gemidos de mis compañeros con las otras enfermeras. ¿Qué acaso a las demás no les importaba esa situación o Pao en realidad me estaba mintiendo?

Nos venció el alcohol, el cansancio y el sueño, nos quedamos abrazados. Al amanecer nos vestimos y reímos de las peripecias de los demás compañeros, no comentamos más dejamos que el poco tiempo que nos quedaba en el lugar transcurriera y regresamos a nuestro alberge.

Les escribiré que paso más adelante con Pao. Esperen un poco. Adiós.