LA MEJOR MAMADA DE TU VIDA
Llevábamos un mes y medio
intentando contener nuestro instintos, haciendo que no estallara
la pasión que existía entre nosotros, casi tangible, que todo el
mundo podía ver y que nosotros tratábamos de ocultar. Sin
embargo, no había sido posible hacerlo, y, la ultima vez que
íbamos a estar solos ese comienzo de verano, los últimos diez
minutos, nos habíamos besado apasionadamente, recorriendo
nuestros cuerpos con las manos, unas manos que, hartas de
contenerse, recorrían tu piel buscando más, las tuyas tiraban
hacia arriba de mi camiseta, hasta que lo conseguiste y
enterraste la cara en tus pezones...
Riiiing, riiiing... el
ruido del teléfono nos saca de nuestro estado de ensoñación. Lo
coges, aún manteniendo un pezón mío en tus manos, y contestas,
jugando con el entre tus dos dedos. Tienes que irte, lo
sabíamos, y me dejas allí, vistiéndome, y con ganas de muchísimo
más. Después de mes y medio, me ha sabido a poco.
Comenzamos entonces a
vernos más, casi todos los días, pero siempre con gente. Hasta
que, después de 15 días, cuando todos nos despedimos, me
propones que tú y yo vayamos a un sitio más tranquilo...
afortunadamente, no está lejos, y corremos como dos chiquillos
que han cometido una travesura.
Es aquí.
Dices esto, que suena extraño porque desde luego ya lo
sabía, al fin y al cabo, conozco esto igual que tú.
Entramos, y cierras la puerta por dentro con llave,
dejándola puesta.
¿qué haces? Yo estoy cada vez
más nerviosa, mientras tú, con una tranquilidad tremenda, te
dedicas a bajar todas las persianas...
Es un primero,
no sería agradable que nos viera nadie conocido.
Te ayudo a bajar las
persianas, y cuando terminamos, nos quedamos mirándonos el uno
al otro... hasta que vienes y me besas. Siento tu lengua húmeda
en mi boca, cada vez más dentro... jamás nos hemos besado de
forma tranquila. Te sientas en el sofá y me quitas el vestido,
mientras yo te abro la camisa, juego con tus pezones y sigo
bajando. Lucho con tu cinturón, te bajo el pantalón, y por fin,
después de tanto tiempo, la tengo en mis manos... el otro día te
había acariciado, pero no la había visto. Ahora tengo delante de
mi una polla gordita, aún sin estar dura del todo es bastante
grande, y que está empapada.
Te miro a los ojos,
mientras me deslizo hacia el suelo, me quedo sentada entre tus
piernas abiertas, con tu polla en la mano... deslizo la lengua
poco a poco, de arriba abajo, realmente porque me encanta lamer
todo ese líquido, pero consigo dejarla empapada, como a ti te
gusta. La rodeo a base de lametones, tu cierras los ojos y
sujetas mis hombros con las manos, no me marcas ningún ritmo,
simplemente, acompañas lo que hago.
Bajo a los huevos, que
primero acaricio con dos dedos y luego lamo de la misma manera,
arriba abajo, pero no muy fuerte. Eso te hace suspirar
suavemente, trato de continuar, pero me dices que prefieres que
siga con tu polla.
Y eso hago. Te
masturbo con una mano, no muy rápido, mientras te miro a los
ojos. Sin apartar mi cara de la tuya, poco a poco introduzco tu
polla en mi boca. Con ella en la boca, hago círculos con la
lengua, trato de empapar bien todo tu glande. Eso te encanta,
pasas a sujetar mi cuello, pero no quiero que te corras aún. Me
encanta comerte la polla y quiero continuar...
Así que vuelvo a sacarla.
Te miro de nuevo, y saco la lengua lo más que puedo, para que me
veas comérmela como si fuera un helado. Realmente me encanta,
disfruto mucho haciéndolo y estoy empapada. Tú lo notas, notas
que disfruto un montón, y te encanta. Me enseñas un punto en tu
polla donde te encanta, una pequeña marca que tienes, y me
dedico a pasarte la lengua por ahí, mientras tú aceleras tu
respiración.
Mmmmmm me encanta
comértela. Me dedico a darle pequeños mordisquitos, por todo el
tronco, rodeo tu polla con mordisquitos, la recorro entera de
abajo a arriba, para, cuando llego a la punta, metérmela entera,
todo lo más que puedo.
Estoy seguro de que
eres capaz de metértela entera en la boca
Me dices, con una voz que, ya me queda claro,
indica que estás disfrutando un montón.
Qué cabrón, pensé yo.
Bueno, esto no creo que suceda muchas veces más, así que voy a
tratar de que reciba la mayor mamada de su vida. La rodeo con
una mano, bajo toda la piel, dejando así libre tu marca de
nacimiento, y comienzo a metérmela en la boca. No, no llego
hasta el final, pero sí me la meto muy adentro. Así, sin mover
más la cabeza, comienzo a recorrerla con la lengua, de arriba a
abajo, y en círculos. Mientras muevo la lengua en círculos, voy
sacando tu polla de mi boca, hasta que ya está prácticamente
fuera.
Estoy decidida a que te
corras así, en mi boca, así que comienzo a mover la mano arriba
y abajo, sujetando fuerte tu polla. Mi cabeza se mueve igual, al
compás de mi mano... mmmmm mientras te masturbo, te follo con mi
boca, y succiono cada vez más fuerte. Tu orgasmo no puede
tardar...
Me voy a correr como
sigas así... Pienso que igual es
mejor un segundo más, así que saco tu polla de mi boca, y te
masturbo mucho más suavemente.
Me miras, pensando sin duda
que por qué he hecho eso, pero no dices nada. Simplemente,
vuelves a cerrar los ojos, estas empapado en sudor, tu
respiración está muy acelerada... a los 30 segundos, comienzo a
mover mi mano cada vez más rapido, arriba y abajo, a masturbarte
con un ritmo que termina siendo endiablado, mientras vuelvo a
meter tu polla en mi boca, todo lo dentro que puedo, y muevo la
lengua, buscando sobre todo la punta, girando muy rápido,
haciendo circulos, incluso buscando tu agujero...Me encanta como
sabe tu polla, cariño.
No tardas mucho, en decirme
que te corres. Sujetas mi cuello, mientras yo bajo un poco el
ritmo de la mano. Dios... uno, dos, tres, cuatro chorros de
semen inundan mi boca, empapan mi lengua mientras sigo
moviéndola alrededor de tu glande... cuando has terminado, sin
sacarla de la boca, me lo trago, y continúo lamiendo suavemente
tu polla. Sobre todo la punta, ahora mucho más blanda y suave
para mí.
Me coges de los
hombros, me pides que pare y me subes al sofa. Realmente no
puedes decir nada, estas exhausto, así que me dedico a
acariciarte y tu me rodeas con el brazo. Estamos así unos
minutos, hasta que por fin, consigues articular palabra, y no
paras de alabarme. Ha sido la mejor mamada de tu vida, dices.
Cuando bajamos a la calle,
vamos andando hasta nuestros coches, tu respiración sigue aún
alterada, y tu cara aún no es la normal... me pides que por
favor nos sentemos en un banco, estás bastante cansado. Lo que
tú no sabes es que estoy segura de que lo puedo hacer mejor...