LA PRIMERA VEZ

 

 

 

Por:  DG
dg_2001@mail.com
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PRIMERA PARTE

Los jóvenes habían salido a pasear.  Juan notó que a su novia le resultaba un poco difícil seguirle el paso.  En fin, era una noche fría y ella estaba descalza, como siempre,  así que redujo un poco la velocidad.   Estefanía estaba feliz y abrazaba a Juan con alegría.  Se le notaba emocionada, casi excitada.   Ella tomó la iniciativa, se detuvo en una esquina y besó apasionadamente a Juan como nunca antes lo había besado.  El estaba más que feliz y pasó el resto de la noche así.

Un poco más tarde, Juan notó que Estefanía finalmente tenía ganas.  Esta tenía que ser la noche, su noche especial.  Tenía sentimientos entremezclados, estaba muy excitado pero al miemo tiempo amaba profundamente a esta muchacha, así que las cosas ocurrieron despacio, con dulzura...  una vez en su habitación, finalmente hicieron el amor.  No de manera salvaje, sino muy románticamente, con suavidad y delicadeza...era la primera vez de Estefanía y había ocurrido tal como ella siempre soñó, con el hombre que amaba.  Para Juan la noche había sido especial también, estaba feliz y se sentía como si fuese el rey del mundo.

De repente él lo comprendió todo.  Estefanía dormía hecha un ovillo en la cama.  Juan había ido a la cocina en busca de un vaso de agua y al ver los pies de Estefanía a media luz empezó a acariciarle las plantas suavemente, disfrutando lo duro y áspero de su piel... y en eso lo sintió.  Había algo duro en su planta, y no sólo en un lugar sino en varios...

Con cuidado, para no despertarla, tocó la planta del otro pie, sintiendo las mismas cosas duras.  Eran demasiado duras, no podían ser callos, y además él conocía los pies de su chica a la perfección, de su hermosa y siempre descalza chica.  Trajo una linterna para examinarle las plantas de los pies.  Ella aún dormía profundamente luego de su primera noche de sexo.

A la luz de la linterna, Juan examinó las plantas de la muchacha de cerca... ¡Dios mío! dijo él, con una mezcla de horror y deleite al mismo tiempo.  Lo que vio lo explicaba todo, el por qué Estefanía estaba tan excitada, su lento caminar... la linterna reveló no una, sino siete tachuelas en cada una de las plantas de la muchacha:  dos en cada talón, dos en los lados, justo al lado de sus arcos pronunciados y tres en la parte delantera, justo antes de los dedos.  Ambas plantas seguían el mismo patrón, revelando que esto no había sido un accidente sino por el contrario algo cuidadosamente planeado, que esas crueles tachuelas habían sido "instaladas" de manera cuidadosa y concienzuda.

Sorprendido, Juan acariciaba las plantas de Estefanía, sintiendo lástima y a la vez una salvaje pasión.  Sin que se diera cuenta, una lágrima rodó por su mejilla.  Era increíble lo que esta chica, SU chica, podía sacrificar por él.  Se sintió algo culpable al notar que esta visión lo excitaba.

Estefanía había despertado sin que él lo notara.  No se movió ni un milímetro, sintiendo como Juan le acariciaba las plantas de los pies, las examinaba tocando con cuidado la cabeza de cada una de las tachuelas.  Ella podía percibir su amor, su sorpresa, su pasión al sentir como sus manos temblorosas tocaban sus plantas torturadas.  Era increíble, esas tachuelas profundamente clavadas en sus plantas encallecidas le dolían terriblemente pero también la hacían sentirse tremendamente viva.  Esa mezcla de emociones, esos sentimientos encontrados y confusos, el dolor...también le daban un intenso placer.  Con una dulce voz, dijo:

- "¿Te gusta mi amor? Es mi regalo para tí.  Lo hice por tí, y también por mí"
- "No tenías que hacerlo Estefanía"
- "¿Piensas que soy rara?  ¿Me odias por hacer esto?"
- "No mi amor, ¿cómo podría odiarte?  Te amo demasiado, y debo ser más raro que tú...porque esto me gusta.  Este es el mejor regalo que jamás me has dado.  Esta noche es mágica" dijo él, y le besó las plantas de los pies.

Estefanía se volteó y ambos se abrazaron.  El acarició su cuerpo joven y hermoso.  Y entonces, y ahora con pasión y de manera salvaje, hicieron el amor nuevamente.  "¡Presiónalas duro!" rogó Estefanía, y Juan, con cuidado, como si apretara botones, hizo que cada una de las tachuelas penetrase aún más en las plantas de ella.  Esto la hizo sentir viva de nuevo, excitándola aún más.  La muchacha empezó a dar suaves quejidos de dolor y placer mientras Juan la poseía nuevamente.

La muchacha no quiso retirar las tachuelas hasta el amanecer... y entonces le pidió a Juan que lo hiciera.  Como en un sueño, Juan retiró cada una de las tachuelas de las plantas de los pies de la muchacha y luego se las besó.  Esta chica era realmente especial, era la que él había estado esperando durante toda la vida.

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SEGUNDA PARTE

(El mismo día por la tarde)

Estefanía tuvo nuevamente esa extraña sensación.  Estaba emocionada, esa noche saldría a pasear con Juan... y había decidido que esta noche sería "la noche", la noche en que finalmente se entregaría a él, para que la poseyera, para que la amara...

Estaba un poco asustada... ¿Y si las cosas salían mal nuevamente por culpa de ella?  ¿Si las cosas fallaban como la otra noche, la noche en que caminó descalza sobre los vidrios rotos, cuando, sin explicación alguna, simplemente fue incapaz de hacer el amor con Juan, su amado novio?  El era tan dulce, tan comprensivo... pero ella no quería decepcionarlo otra vez.

Había estado pensando en esto todo el día.  La decisión estaba tomada, también lo haría esta noche.  Fue a la repisa y cogió una cajita.  Luego se dirigió a su habitación.  La gasolinera estaba cerrada, estaba completamente sola.  Con cuidado, abrió la caja observando cómo su brillante contenido dorado reflejaba la luz del techo.  Era tentador, como si fueran joyas. Tenía miedo de esas diminutas cosas, pero al mismo tiempo las necesitaba intensamente.  Tomó una entre el pulgar y el índice y la examinó:  la brillante tachuela de metal se veía tan pequeña e inofensiva, pero a la vez puntiaguda y peligrosa, dolorosa... capaz de proporcionarle aquél dolor, esas emociones y sensaciones que ella necesitaba.  Esas tachuelas, se dijo, la harían lo suficientemente valiente para no dar marcha atrás cuando llegara el momento de amor.  Esas tachuelas le darían el estado mental, el dolor y el placer que quería sentir antes y durante ese momento tan especial, su primera vez.

Estefanía puso su pie derecho sobre su rodilla izquierda, con la planta mirando hacia arriba, para revisarla.  Sus pies eran largos y delgados, de arcos pronunciados.  Tenía pies hermosos y ella lo sabía:  Ir descalza durante tanto tiempo los había vuelto aún más bellos, bien formados, delicados y fuertes al mismo tiempo, curvilíneos... y sus plantas estaban bellamente encallecidas.  Se veían y sentían como si fuesen de cuero y ella estaba orgullosa de eso.  Acarició la planta de su pie desnudo con el dedo y tembló al sentir lo áspera y dura que era.  Luego, examinándola, se decidió por el mejor diseño, como si simplemente planificara un dibujo.  Sí, eso era:  dos en su talón, tres justo después de los dedos, dos en el lado opuesto al arco.  Sin pensarlo mucho sacó catorce tachuelas de la caja, tomó la primera, la besó y la clavó en su talón...¡o al menos lo intentó!  Estaba sorprendida de la dureza de su talón, la tachuela no podía penetrar su piel.  Se puso de pie y fue de nuevo hacia la repisa. 

Regresó a su cuarto y se sentó en la cama.  Puso un pequeño martillo de metal al lado de las tachuelas.  Luego empezó de nuevo a introducir la tachuela en su talón derecho...¡era inútil!  No era lo suficientemente fuerte para hacerlo.  Decidida, tomó el martillo y empezó a golpear la cabeza de la tachuela.  ¡Dios, cómo dolía!  Al final, súbitamente, la punta afilada penetró su piel dura y gruesa...¡era un dolor terrible!  Extrañamente empezó a excitarse.  Con el pulgar presionó la tachuela hasta que finalmente esta se alojó en su carne, con la cabeza plana al ras con la piel de su planta.  Todo había demorado menos de 15 segundos pero a ella le había parecido una hora.  Dolía, quemaba...pero también le proporcionaba placer.  Se sentía con vida, alegre...y misteriosamente, excitada.

Transcurrieron 15 minutos.  Finalmente clavó la última tachuela en la planta de su pie izquierdo.  Le dolía horrores, sentía como si sus plantas se quemaran, como si estuviese caminando sobre brasas ardientes... pero sus pezones estaban tan duros como el acero y sentía mariposas en el estómago.  Dejó caer el martillo, arrodillándose en el suelo, girando la cabeza para verse las plantas de los pies, con las cabezas de las tachuelas brillando alegremente bajo la luz.  Adornaban sus atormentadas plantas como si fuesen joyas.  Sonrió, la visión le complacía.  Regresó a la cama para mirar sus pies en el espejo de la pared de enfrente... y empezó a acariciarse, las tachuelas le causaban un dolor horrible, insoportable, pero al mismo tiempo un intenso placer.  Acariciándose liberaba la tensión, el placer y el dolor.  Se sentía viva, ¡tan viva!

Se quedó dormida durante unos 20 minutos.  Después, lentamente, pensando en lo que había hecho, como si fuese un sueño, miró nuevamente las plantas de sus pies.  Sí, seguían allí, las tachuelas parecían sonreírle.  Estefanía se levantó y caminó con cuidado hacia la ducha.  Cada paso era una tortura y un placer, y sólo atinó a sonreir mientras dos lágrimas caían de sus ojos.  Bajo el agua caliente se acarició otra vez, notando sus pechos firmes y sus pezones erectos.  Se vistió con cuidado, poniéndose sus queridos pantalones vaqueros, y empezó a tocarse las plantas de los pies para saber cómo se sentía tener esas cosas clavadas en ellas.  Estaba concentrada en sus plantas duras, en las tachuelas, en el dolor y el placer que esas cosas le brindaban, cuando sintió que alguien tocaba la puerta.

- "Hola mi amor, ¿ya estás lista?"  dijo Juan con una sonrisa mientras la abrazaba y la besaba.  "¡Dios, te ves preciosa!"
- "Sí mi amor, estoy más que lista, vamos a caminar"

La joven pareja dejó la gasolinera, tomada de la mano, caminando hacia el ocaso.

FIN

    

 
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