Nena, ¿sabes que tienes el culo más bonito que he visto en
mi vida?, me has puesto como una moto.
Y diciéndome esto, noté como algo muy duro se apretaba contra mi trasero, y
como una mano me sobaba todo el cachete del culo.Un escalofrío me subió
por la espalda y reaccionando de golpe, me revolví, y le di un empujón,
diciéndole que era un gilipollas. En esto que mi novio se percató de que
había movida y se volvió para preguntarme que pasaba.
- Tu a lo tuyo, nene de papa, le espetó el gilipollas.
Mi novio le dio otro empujón y este salió despedido hacia atrás, los otros
dos chicos se abalanzaron sobre mi novio, yo me interpuse entre ellos para
evitar la pelea y rápidamente llegó un guarda de seguridad, que tras
contarle lo ocurrido, nos indicó que nos marchásemos mientras él retenía a
los tres gamberros. Salimos del lugar, yo muy nerviosa y mi movió con un
fenomenal cabreo. Nos montamos en el coche y me extrañó el ver que mi novio
se le escapaba una carcajada, cuando iba a preguntar, me di cuenta con
horror, que metía marcha atrás y golpeaba a las motos de los chavales ,que
se encontraban detrás, aplastando parte de las mismas. Salimos chirriando
rueda y nos alejamos, dirigiéndonos hacia la playa del pueblo, comentando lo
ocurrido y que menos más que la cosa no fue a mayores y eso. Mientras
escuchaba hablar a mi novio, yo reflexionaba sobre mis sentimientos y sin
querer recordaba con excitación, el sentir el paquete del chico en mi culo.
Estuvimos dando vueltas y charlando hasta que se hizo de noche, entonces mi
novio me dijo que si me apetecía buscar un sitio apartado para estar solos.
Le dije que no teníamos condones, a lo que él me contesto que solo
jugaríamos, acepté. Estaba claro que tanto él como yo, nos habíamos excitado
con la descarga de adrenalina de la tarde.
Paramos junto a un paraje solitario y comenzamos a besarnos y a tocarnos por
todos lados. Cuando había pasado más de una hora, estabamos los dos
totalmente desnudos dentro del coche, y mi novio se entretenía en
masturbarme con un dedo mi clítoris, mientras me chupaba un pezón, me
encontraba en el séptimo cielo, a punto de llegar al orgasmo.
Lo que tenia que ocurrir, ocurrió. Se abrió de golpe la puerta del
conductor y allí estaban los tres gamberros. Se me heló la sangre y solo
atiné a articular un grito de terror, mientras cogían a mi novio.
- Mira, si están aquí los tortolitos. ¡Que bonito...!, ¡ ven aquí guaperas,
dijeron
Lo sacaron del coche entre los tres y mientras dos lo agarraban por detrás,
el que parecía el jefe se dedicó a propinarle golpes en el estomago.
Comencé a gritar como una posesa, mientras trataba de taparme con mi
ropa.
Uno se quedo sujetando en el suelo a mi novio y los otros se vinieron hacia
mí. Intenté subir las ventanillas y echar el cierre, pero estaba tan presa
del pánico que no atinaba a hacer nada.
- Quieta, nenita, me dijeron cuando me abrieron la puerta y me sujetaron.
- No la toquéis, oí decir a mi novio, pero tuvo que callarse, porque el que
lo agarraba, le puso una navaja en la garganta.
- ¡Vaya con la nena!, ¡que buena está!. Déjanos que te veamos bien. Dame
eso.
Y de un tirón se deshizo de la ropa que apretaba contra mi cuerpo, quedando
desnuda por completo ante unos ojos que no eran los de mi novio. Maldije el
momento que decidimos quedarnos por la zona.
Escuché silbidos y palabras soeces al quedarme desnuda por completo.
- Por favor, por favor, nos hagáis daño, suplicaba yo, entre lagrimas.
- Mira, bonita, estamos muy, pero que, muy cabreados con vosotros, porque tu
novio nos ha destrozado las motos, y porque tú estás muy buena y nos has
puesto cachondos del todo, o sea que a tu novio le vamos a cortar las
pelotas y a ti, ...ya veremos.
En esto que comenzaron a tocarme por el culo, las tetas y el chichi. Yo
decía que no, que me dejaran y me resistía apartándoles las manos como
podía. Mi novio les gritó que se estuviesen quietos y el de la navaja se la
colocó, debajo de los huevos y apretó un poco. Este se calló de inmediato.
El que parecía el jefe, que era seguramente el mayor, se quitó el cinturón,
les dijo a los otros que también se los quitaran, y les dijo:
- Metedlo en el coche, y atadlo con los cinturones, que nos vamos a divertir
con esta golfa, y si el capullo ese habla, le cortáis los huevos.
Yo no paraba de suplicar, de llorar y de patalear, presa del pánico y de los
nervios.
- Que dejes de gimotear, ¡zorra!., me dijo el gallito, mientras me arreaba
una soberana guantada en mi cara.
De pronto recobré la calma, y comprendí lo que iba a pasar, no tenia remedio
y estabamos en sus manos, nuestra única esperanza era que pasara alguien por
allí y nos ayudara, pero por el momento lo mejor era no cabrearlos más.
Metieron a mi novio en el coche, en el asiento del conductor y le ataron los
pies a los pedales y las manos al asiento, pero por detrás de este.
Encendieron las luces del coche y me llevaron delante de este.
- ¡Eh!, guaperas, mira esto, que comienza el espectáculo, le gritaron a mi
novio riéndose a carcajadas.
- Guapa, tu turno, ponte de rodillas que vas a empezar a trabajar.
Me negué en rotundo, les dije que por favor no lo hicieran, que no los
denunciaríamos y cosas así, en un vano y desesperado intento de
convencerlos.
|